Taquicardias mías de casi cada día traducidas en imágenes visuales y poéticas, mientras leo, comento y copio taquicardias ajenas en mi ANTOLOGÍA BLOGUERA, www.lacoctelera.com/poinmasia2
No, no son mías. Son de mi sobrino José Javier, de Pamplona. Pero me impresiona que estos jóvenes de hoy, que ni siquiera fueron considerados "aptos" para unos estudios de bachillerato, tengan estas inquietudes artísticas. Descubrí la Coctelera con otro sobrino de Santander que hoy tiene colgadas sus fotos en un foro profesional. Y ahora este. ¡Qué poco se habla de la juventud que vale!
Este es mi regalo antes de cambiar de "orilla." Así que la próxima "taquicardia" que escriba será desde Mexico.
Besos ..... y besas.
(Ah, el viejito que aparece por ahí es mi hermano. Ël es el responsable del amor a la naturaleza que tienen sus tres hijos. )
He recobrado mi "sentido del gusto". Buena noticia.
Pero, ante todo, pedir disculpas por haber utilizado un problema personal de salud en un blog que es más "lírico" que realista. Y, si tengo perdón, es que el tema me parecía fascinante. Como me decía alguien en su comentario: "No valoramos algo hasta que lo perdemos".
Y, ¿cuál era el problema? Pues lo descubrí por casualidad. Estaba tomando la mitad de mi dosis de protector digestivo. Esto hacía que los medicamentos contra la artritis me produjeran una leve "DISGEUSIA" . ¡Menudo nombre!
En cuanto me encontré mejor, me fui a una estupenda charcutería de la calle Mayor de Madrid, y me cargué con un cuarto de jamón serrano y una buena morcilla de freír (y otras delicias, como un Camembert bien hecho). Con la morcilla me hice la receta que les transcribo. En cuanto al jamón, envasado al vacío, lo llevaré a México, para compartirlo con mi hija y mi yerno. En cuanto al Camembert ... uuuuuummmmmmmm.
Gracias a los que se preocuparon, aquí y fuera, por mi.
MORCILLA FRITA CON DÁTILES.
Ponéis a pochar, en un poco de aceite de oliva, una buena cebolla cortada en aros medianos. Antes de que se dore, añadir unos 20 dátiles deshuesados. Saltear sin que se quemen. Añadir una morcilla de Burgos para freír en rodajas de 1,5 cm de grosor. Saltear a fuego mediano. Tapar, y dejar a fuego mínimo un poco más.
Tomar así, caliente, con un poco de puré de patatas y/o una compota de manzanas.
Me ha pasado algo, si no terrible, al menos inquietante. He perdido el SENTIDO DEL GUSTO. Como lo leen. Todo me sabe igual. No distingo lo salado de lo dulce, las peras de las manzanas, las almendras de los cacahuetes .... Y me dirán: eso es cosa de un catarro otoñal. Pero en los catarros se pierde sobretodo el olfato, y de ahí esa sensación extraña de "no sabor". Pero yo sí huelo. Cuando hago café exhalo ese maravilloso perfume y me lleno de esperanza. Pero al probarlo, gran desconsuelo: no sé si es té o café o leche desnatada. Mi hija me prometió la curación cuando fuéramos a comer al exquisito restaurante a donde nos había invitado una tía de su marido. Yo llevaba mis dudas. Le dejé que escogiera mis platos: almejas en salsa Mornay, arroz con bogavante, lomos de faisán a la húngara. Yo miraba, probaba, y al acercarse el maître en actitud interrogativa, me quedaba en blanco.
Mi hija levantaba la ceja y me miraba con aire asesino. Entonces yo reaccionaba: Las almejas tenían un maravilloso aroma a Cantábrico en marea baja con un brillo nacarado muy sutil; el arroz estaba increíblemente suelto y el bogavante ponía una inefable nota de color en el plato. ¿Y el faisán? No puedo describirlo, de verdad, ¡ qué elegante textura de carne resbalando sobre mantequilla y nata ! Por fin llegó el pastel de cumpleaños. Y la tarta de moka se deshizo en mi boca en una casi repugnante masa salada. Me fui directa al baño. ¿Exagero? ¿Cómo puedo vivir así? No, me he conformado. La cosa tiene sus ventajas: ya no necesito bajar a Madrid en busca de mi té especial de mango porque me da lo mismo un humilde sobrecito Lipton. No tengo por qué gastar 12 euros en una merluza fresca. Los filetes ultracongelados me saben igual. Me cuesta un poco más sentarme a la mesa, tengo menos ilusión. Pero, ¡qué le vamos a hacer! Aprenderé a COMER PARA VIVIR y no VIVIR PARA COMER.