La Coctelera

Poesías a la vista

Taquicardias mías de casi cada día traducidas en imágenes visuales y poéticas, mientras leo, comento y copio taquicardias ajenas en mi ANTOLOGÍA BLOGUERA, www.lacoctelera.com/poinmasia2

31 Agosto 2011

VOLVER

Ay, ¡ cómo me duele aceptar que te necesito!

Es verdad, soy feliz.

Pero tengo como una enfermiza sed de contarlo.

Y eso me falta.

Imposible abrirle mi alma a un bebé de nueve meses.

Imposible mantener su mirada de profundidad infinita,

perturbadora,

llena de interrogantes que ahora no puedo contestar.

Imposible decirle con palabras lo que le quiero.

Sólo un gesto,

una sonrisa,

un tiempo,

estar ahí antes de que su cabecita toque el suelo.

Sólo eso.

Y, entonces ....

¿a quién le cuento yo que tengo ganas de vivir de nuevo?

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13 Febrero 2011

Cerrado hasta próximo aviso

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19 Diciembre 2010

Navidad en una taza de café (cuento)

El tren volaba sobre la estepa castellana y yo miraba absorta el paisaje helado a través de la ventana de la cafetería mientras bebía mi tercera taza de café. Era 24 de diciembre y me dirigía a cumplir unas de esas tradiciones impuestas por la familia. No me hacia mucha gracia dejar mi cómodo pisito en esos días de vacaciones. Pero no había otro remedio. 

Volví a concentrarme en el paisaje al tiempo que sujetaba fuertemente la taza para que no se derramara. En  ese momento pasábamos cerca de una especie de granja perdida en la nada. De la chimenea subía un delgado hilo de humo. Estaba como a 500 metros de la vía y distinguía perfectamente la tenue luz que iluminaba una de las ventanas. Alrededor tenía una cerca de madera pintada de blanco que se confundía con la nieve caída seguramente durante la noche.

Bajé del tren, y sin pensarlo, recorrí aquellos 500 metros, abrí la cerca y llamé.. Oí unos pasos y se abrió la puerta. En el umbral apareció una preciosa niña de unos 5 años que me miraba con unos grandes ojos avellana.

- ¿Estás sola en la casa? , le dije.

Ella contestó con una leve sonrisa seguida de un mohín de tristeza.

- No, mi mamá está en el cuarto.

Y sin decir nada más me agarró de la mano y me condujo a través del pasillo. Yo todavía llevaba en la otra mano la taza de café y me apresuré a dejarla en una especie de repisa que había en la entrada.

Al llegar al cuarto la niña me soltó la mano. Allá, en el fondo de la alcoba, medio sentada en su cama, se encontraba una mujer, seguramente la mamá. Estaba ligeramente pálida. Al verme llegar quiso decir algo, pero al instante un rictus de dolor contrajo su cara y se agarró  fuertemente con una mano  a los barrotes de hierro de la cabecera. La otra mano la dejó caer sobre su vientre. No tuve que esperar más para comprender que estaba a punto de dar a luz. Al cabo de unos minutos pasó el dolor y la mujer descansó sobre la almohada. Sudaba copiosamente. Cogí de encima de la mesita un pañuelo blanco que estaba allí doblado y le enjugué el rostro. Me volvió a mirar.

-Gracias, señora, dijo.

Yo le pregunté:

-¿Cómo es que está usted aquí sola (en ese momento me olvidé de la niña) en su estado?

- Mi marido salió esta mañana a buscar al médico.

Y luego añadió:

-No puede tardar mucho.

-¿Puedo hacer algo por usted?

- Muchas gracias, señora. Si pudiera poner a calentar agua en la cocina ... yo ya no tengo fuerzas ...perdone.

- No, por favor, voy enseguida.

Se quedó como dormida. Yo me volví hacia la puerta, y allí estaba la niña, con carita de miedo, pero bien entera. Me tendió otra vez la mano y juntas fuimos a la cocina. Cogí una olla grande y la llené de agua. La niña me miraba hacer. Encendí el gas y me dispuse a volver a la habitación.

Entonces la niña sin bajarse de la silla a donde se había subido me dijo, ahora sí, a punto de echarse a llorar:

- Mi mamá, ¿no se va a morir, verdad?

Yo la abracé con fuerza, sintiendo su cuerpecito tierno y frágil entre mis brazos.

- No, preciosa. No se va a morir. Ya verás.

-¿Y el niño?, me dijo, rechazando suavemente mi abrazo.

Me quedé admirada de que una niña tan pequeña supiese tanto de la situación.

- Tampoco, le dije, verás como dentro de poquito vas a tener un hermanito.

La bajé de la silla y nos recorrimos de nuevo el pasillo. Al llegar a la puerta de la habitación la niña se quedó de nuevo en el umbral. La mujer tenía otra crisis y corrí a su lado. Respiraba con dificultad y esta vez sí que comprendí que estaba asustada.

- ¿No tiene un teléfono donde yo pueda hablar con su marido?, le pregunté.

Y entonces contestó esas palabras que en cualquier calle de ciudad o pueblo nos parecen hoy día banales, pero que allí, en aquellas circunstancias, me perecieron terribles.

- No, señora, aquí no tenemos cobertura. Lo siento, señora.

Otra vez "lo siento". Era increíble. Ella se preocupaba por mi, en aquel estado. Creo que mi cara reflejaba aún más el susto que ella.

Escuché ruido detrás de mi. La niña estaba recogiendo algunos palos de leña de un montón que había junto a la ventana. Hasta entonces no había reparado que había una chimenea y que el fuego estaba a punto de apagarse. De verdad, la habitación estaba helada. Me acerqué a la leña y cogí dos gruesos troncos. Los dejé caer sobre los que la niña había ya colocado en el hogar.

- Así no tendrán frío, comentó.

 Le tomé las manitas. Las suyas si que estaban frías. Aproximé una sillita a la chimenea y la senté allí. Parecía más animada.

Entonces oí la voz de la mujer que me llamaba suavemente. (Había pasado otra crisis sin darme yo siquiera cuenta. Las contracciones se repetían cada segundos.)

- Señora, por favor, en ese armario hay toallas. Y ya puede traer la olla y sacar un balde que hay debajo de la cama.... 

No pudo decir más porque el dolor le hizo contraer todos sus músculos.

Me moví rápida, como una autómata. Recordé tontamente todas esas películas que había visto con mujeres dando a luz. Películas del oeste. Películas de la vida campesina italiana. Hasta recordé una preciosa "nativité" de Georges de la Tour, con esa luz de lo irreal... deprisa, deprisa...

A lo lejos oí la bocina del tren. Estaría llegando a Torrelavega. No tenía mucho tiempo. En la cocina el agua hervía. Sobre la mesa estaba mi taza de café todavía humeante. Tomé un sorbo. Me supo a gloria. Y a toda prisa preparé el agua, las toallas, una sábana limpia, un tarrito de colonia, una tijeras .... ¿cómo se me ocurrió todo eso? La niña me miraba hacer, todavía sentada junto al fuego.

- Ya viene, la oí decir.

- ¿El niño?

- No, mi papá. Y el niño también.

Y corrió hacia la puerta de la casa.

Oí a la mujer casi gritar en un sollozo:

- ¡Pedro!, y más bajito, Señora, abra la puerta, por favor.

Corrí yo también hacia la puerta. Llegaba un coche, quizás una ambulancia. La puerta ya estaba abierta. Dos hombres pasaron como una exhalación.

- María, María. No, por favor, otra vez no.

-No se preocupe, Pedro, decía el que debía de ser el médico,. esta vez el bebé vivirá. Hace 5 años ... era distinto.

No pude escuchar más. La niña seguía junto a la puerta. ¿Cómo era que su madre  en ningún momento hubiera hecho referencia a ella? Le di un fuerte beso y salí corriendo.  Quería llegar con el tren a la estación de Santander. (Desde la ventana de la cocina, una pequeña figura me decía adiós con la manita.)

Recogí el bolso en mi asiento y salí al andén. Mi hermana pequeña estaba allí, sonriente, como siempre.

-¿Qué tal el viaje? y, sin esperar respuesta, cenamos en casa de Carmen. Estarán todos.

"Menos los abuelos", pensé. Y luego, "¿el "viaje"? ¿qué viaje?"

Mi hermana me miraba extrañada.

-Vamos, hija, que pareces alelada. Y, sin pausa ni descanso, añadió, ¿qué te apetece hacer mañana?

Salimos a la calle. Hacía frío. Metí la mano en el bolsillo derecho y palpé algo que yo no recordaba haber metido allí.: la tacita de café. Apreté los dedos a su alrededor. ¡La tacita de café del tren!

-¿Mañana? Pues saldré a caminar, descalza, por la arena de la playa del Sardinero.

-¡ Pero si no habrá ni un alma!, exclamó mi hermana.

-¡ Pues por eso!

Mi hermana rió:¡Mira que eres rara!

Si, me encontraba un poco rara, pensé, mientras seguía apretando fuertemente en el bolsillo aquella tacita de café.

(Dedicado a Daniel, en su primer mes  junto a su mamá) 

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2 Diciembre 2010

MATERNITÉ


Penchée sur son enfant nouveau né,

la jeune mère sourit.

Devouée au miracle,

elle oublie toute autre demande

et s'affaire pour le bonheur de son trésor.

Sous la lumière matissée des rideaux

le berceau attend.

Mais la jeune maman n'est pas prête

à délaisser son rêve.

Les jours passent,

et ce lien maman-enfant devient plus fort,

si fort

qu'il durera pour la vie,

mère-enfant soldés

par le doux esclavage

de l'amour.

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22 Noviembre 2010

Y nació el amor

Con dolor,

como es debido,

nació el amor.

Pero su madre

ya ha olvidado

lo pasado

y contempla,

arrebolada,

aquella cosita rosada

que solicita sin pausa

su cuidado y devoción.

Los hados le traen regalos

y las hadas parabienes.

Yo quiero para mi niño

un montón de cosas buenas

y conocer la belleza

de un mundo que viva

en Paz..

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14 Noviembre 2010

DESNUDA

¿Cómo voy a presentarme ante ustedes

desnuda de todo sentimiento,

perdido el norte del deseo,

borrada la imagen y el recuerdo

que deletrea el nombre

del amor?

¿Mentirles?

¿Proclamarles en este espacio virtual

que mis ojos brillan,

que mi piel es tersa,

que tengo un apetito envidiable

y que gozo de la amistad y de la estima

de los que me rodean?

No, más bien no,

prefiero la desnudez al engaño.

Los que me aman

cubren mis torpezas con mantos y hermosas telas.

Pero ante ustedes,

mis verdaderos allegados,

que no tienen con mi persona compromisos,

ni necesitan disimular su desencanto,

me mostraré tal cual,

y será un lujo provocarles la sonrisa

cuando vuelva la espalda

y desaparezca.

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12 Octubre 2010

REVANCHA

Ahora eres tú

quien espera.

Y tuya es la vela

que se consume entre las sombras.

Eres tú

quien intenta interpretar

las conjeturas que se dibujan

sobre la alfombra.

Y ahora soy yo

la que cabalga

sobre etéreas monturas

en la noche

y se columpia

en cuernos de luna

y estrellas,

y se baña

en ruidosas carcajadas

de lujuria.

Y soy yo

quien se envuelve,

desnuda,

entre cortinas ardientes

de locura.

Si, ahora eres tú

el objeto de mis iras

y el que recibe,

con la bruma del recuerdo,

el paquete  envenenado

de mi desprecio.

 

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4 Septiembre 2010

"VOY A SER ABUELA"

 

Esto de "voy a ser abuela" no es de verdad el título que mejor le corresponde a esta taquicardia. Lo que acelera mi ritmo cardiaco  de manera increíble es contemplar la carita de mi niña embarazada que se me acerca tambaleándose como una oca patosa mientras se lleva distraídamente su mano a la espalda. Nunca tuvo una piel tan suave ni brillaron sus lindos ojos verdes con tanta luz. La gente no me entiende. Cuando me preguntan, casi como una afirmación: "¿Estarás muy contenta, que vas a ser abuela? ", se quedan un poco chafados al ver mi cara de póker. Si, estoy contenta, muy contenta. Pero no "porque vaya a ser abuela", sino "porque ella está embarazada". No sé si entienden ustedes la diferencia, o si les parece una distinción absurda. Pero yo lo siento así y así se lo cuento. Seguro que cuando nazca el niño la cosa será distinta. Seguro. Pero sospecho que mis sensaciones ante el bebé no serán muy diferentes de las que siento ahora ante cualquier otro niño que me encuentro por la calle. Adoro a los niños, siempre ha sido así. Pero el milagro de ver a mi hija tierna, dulce, cariñosa, frágil ..... es impagable. Es una taquicardia maravillosa. Como la de estar enamorada. ¿Me explico? (Continuará)

"A una incipiente mamá", era para ella. Pero entonces no tenía permiso para decirlo, jeje.

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